un adefesio se interpone entre Adriano y Antínoo

Madrid, Febrero de 2011, en la sala del amor eterno entre Adriano y Antínoo en el Museo del Prado, ha aparecido un, no se que, modernista, todo lleno de ropa estucada hasta las cejas. En él se repiensa una situación entre Nerón y Séneca, obra de Eduardo Barrón González, antiguo restaurador de este museo. Calificada en la página M. del prado con adjetivos como: “la complejidad, el extraordinario detallismo y el dominio técnico con el que realizó esta pieza”. Un detallico , y recuerden que está hecho en escayola, observen la mano y el pelo de Séneca, y el extraordinario detallismo, a su lado, que querrán decir y no entendimos.

Anteriormente estaba en su lugar una obra romana, con una durmiente semidesnuda, la cual daba lugar a jocosos comentarios de los otros compañeros, y compañeras inmóviles, que parecían carraspear intentando llamar la atención de Adriano.

Aclaro , que lo que ven mis ojos, no tiene porque ser así, es decir, la fina y exquisita colocación de los mármoles quizás es solo maldad en mi cabeza. Quizás la nebulosa de la sala de paso hacia Goya, la llamada rotonda de Ariadna, y en otra dirección hacia las salitas de escultura del Prado, que paréceme desvanecida, sea todo lo contrario. Si a mí se me antoja que la clave está en Adriano, girado para mirar descaradamente a Atínoo, esto solo sea una casualidad. Y que la durmiente no pareciera estar despechada, despechada (a ver como la retornan), despechada en medio de ellos, de aquellos que la ignoran. Insisto en que todo está solo en mi cabeza, y que El orador algo indignado no está también girado intentando ignorar a estos, y así mismo, también rogando la atención y el juicio a los jueces, ¿esto es así, lo repite la compañera del orador?, ¿también está sutilmente girada La venus del delfín ? , por que al otro lado también está otra pareja de parecidas actitudes. Dioniso intenta un giro sutil, con una mueca de menosprecio envidioso mientras nos ofrece su encanto y vino para atraernos, y ya en la desesperanza de esta hermosa joven, todos piden y esperan el juicio a su favor de los mayores, Baco enmascarado de serio , y un hombre justo, el tiranicida Aristogitón que sabedor en sus carnes, consiente hasta el infinito de los tiempos en ese amor desmedido del amante hacia su bello amado.

Como ya les dije, quizás alguien puso las estatuas en esta diligencia para representar algo, un guiño, que los guías no pueden ya explicar, pues de tanto verlas de paso, no lo encuentran, pero que algunos gafapastas pueden que agradecan, o puede que solo yo los vea, puede que el descendimiento de Roger van der Weryden y el perro enterrado de Goya los hayan puesto equidistantes como el alfa y omega del arte en el M.del Prado, o puede que no, que solo sea una casualidad. Si no fuera así, alguien ha entrado como un elefante en una cacharrería, moviendo obras si preguntar a nadie que hacían allí y porqué esas obras. O, puede que no, que los decoradores, hombres honrados, que han añadido esos focos a esas esculturas hayan tenido la culpa de que yo les saque esas muecas, que no el escultor, este si que era un hombre honrado, no tenía un foco que sacaba sombras sino luz natural, la que les niega el museo. OBSERVEN NUEVAMENTE la fotografía primera y vean como las ventanas tienen tan velada la luz natural que parecen opacas. Puede que la nube velada de la estupidez se haya instalado en mi cabeza y no me deje ver que esa luz puede estropear las esculturas….(¿y verter su inmaculada sangre, no es así?), digo que una cosa es preservar las esculturas del hielo y otra, es alcanzar como hombre honrado el título de técnico en sombras sobre esculturas romanas, osea gilipollas docente con título de restaurador en el Prado. También puede, que el elefante entrando en la cacharreria sea yo, pues son hombres honrados como Bruto, y que se me escape alguna genial sutileza, de esas de las que atraían a apasionados visitantes al Prado. Ahora viene una honrada chusma resacosa de un viaje planificado a la noche de Madrid, que en una sala del XIX le pregunta al vigilante si eso es del Greco. Pero aunque Bruto es un hombre honrado yo vengo a leeros el testamento del M.del Prado. Si me dejais. Y si quieren saber algo más sobre hombres honrados en y por las mujeres de Roma.

4 comentarios sobre “un adefesio se interpone entre Adriano y Antínoo”

  1. No son tan estúpidos no piensan en cambiar las cosas, y mucho menos mejorarlas, solo moverlas para facturar.
    Son solo hombres honrados en busca de la pasta y una prejubilación.

  2. No se me alarme, que es cosa de la señá Paca. Mesplico: es sabido que las limpiadores de San Remigio de Izangabe son las más afamadas de este lado de los Pirineos. Son como si dijéramos, de reputación semejante a las escoberas Bramtome o las lavanderas del Oder, Ni más ni menos. Hecha de tal reputación es de entender que nuestros mas preclaros administradores, enemigos de los humos públicos y las copias privadas, la seleccionaran para desarrollar sus cualidades en los pasillos de nuestro Museo.

    Ocurrió aquél día que, por un llámame mentirosa dirigido a la Belén Esteban por la Maricampa, nuestra buena mujer estaba fuera de sí aquél día -más aún cuando el guarda de la sala eran incondicional de los de Ambiciones-, y tras quitar el polvo a la bajera de los mentados pedruscos, olvidose de colocarlos en su posición original.

    No sólo eso: como la misma mala leche le había hecho sacarle un dedo a la tía tumbá esa que acostumbraba a pulir con la rasqueta de tiempo en tiempo, se bajó al almacén para poner algo muy de su gusto en su lugar, mientras el hijo se llevaba a la accidentada a casa en la furgo para ver como lo arreglaban.

    Eso es lo que ha pasado, que lo han dicho por la tele.

    Salud

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