cabeza buque

Winckelmann, según avanzo en la traducción, es quizás la cabeza mejor amueblada del segundo tercio del XVIII. Cuando dicen que es el padre de la lingüística, no alcanzo a ver su dimensión, porque mis conocimientos son casi nulos, pero sin lugar a dudas, es el padre de la arqueología,  y de la historia del arte. Ser padre instructor de tres disciplinas, tendría que ser señal de respeto. De mucho respeto. Y debería haber sido más citado, y más dignamente por sus hijos que le fagocitan ideas,  y que en vez de darle las gracias, lo apuñalan, parece que necesitaran “matar al padre” para alzar su cabeza, y distribuir sus ideas como propias.

Una de ellas,  en la estructuración de la historia del arte antiguo que realiza, sostiene, de manera reiterada en las ediciones, y rotundamente ya en ésta última, publicada después de su muerte, (apunto que se aprecian errores de editor, que no pudo corregir)  en la que trabajo, que el arte romano no existe como tal. Ni le doy ni le quito la razón, aún no he terminado para esbozar una idea propia sobre su propuesta, pero sí he sacado ya algunas observaciones.

Y observo que Winckelmann es un cabezabuque, en el sentido de cabezón cabezón, cabezÓn.  Es decir, algún postulado permite alguna interpretación más, incluso más obvia, pero Winckelmann no cede.  Verán 2 imágenes muy parecidas que les acompaño, la una en Nápoles con inscripciones en griego: “Orfeo, Eurídice y Hermes”, y  la otra, “Zeto, Antiope, Anfion” con inscripciones en latín, en el Louvre (la que nos cita Winckelmann).  Al parecer hay más copias. “A toro pasado” podríamos decir que se trataría de alguna obra originaria griega, que se reutiliza tanto por griegos, como por los romanos. Puede que Winckelmann se refiera a ella más adelante, pero lo que importa ahora, en la disertación incluida en el arte romano, es, el empecinamiento en demostrar que el casco de Zeto tiene sentido, (Si dejan cargar la página les llevará al empiece de su disertación, larga), Sin embargo Winckelmann quiere caer aquí, en el sinsentido de dar como más válida esta explicación, en vez de, Orfeo con su cítara, que es lo primero que nos llevaríamos a la cabeza, ahora, y hace 2500 años, y en que  es un casco-gorro tracio, similar al frigio, similar a la barretina francesa,  con el que se le representa  a Orfeo, además de portando la cítara. Y al final de lo escrito, sin quitarle un ápice de razón, y con todos los respetos, un cabezabuque.